Bajo Maduro, las elecciones venezolanas son otra forma de mantener el poder

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El Presidente venezolano, Nicolás Maduro, buscará reelección en 2018, según anunció Vice Presidente Tarick Al Aisammi el 29 de noviembre.

Hace unos meses atrás habría sido difícil predecir que el régimen de Maduro se animaría a emprender una secuencia de elecciones. Después de tres años de este gobierno, el país sufre una de las peores crisis económicas del mundo, con una hiperinflación de hasta 2.300% este año.

Al enfrentar una tasa de aprobación de 20%, en octubre pasado el régimen suspendió el referéndum revocatorio llamado por la oposición y durante nueve meses aplazó la elección de gobernadores.

Pero, al final, el 15 de octubre, Maduro vio un sorprendente éxito en las elecciones regionales, en las cuales tres cuartas partes de los estados venezolanos eligieron a gobiernos del Partido Socialista de Maduro.

Ahora, según las estimaciones de la Mesa de Análisis del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas, del cual soy director, es probable que el régimen toma ventaja de la confusión y frustración de los electores para tratar de aplastar a la oposición en las urnas.

Primero viene los comicios municipales, agendados para el próximo 10 de diciembre. En el caso de que el gobierno tenga éxito ahí, anticipo que la próxima elección presidencial podría adelantarse varios meses para celebrarse durante el primer semestre de 2018.

La abstención

A pesar de la falta de apoyo popular al régimen de Maduro, creo que el presidente podría ganar combinando dos tácticas que le funcionaron bien en octubre: fomentando el abstencionismo entre la oposición y movilizando a los suyos con presiones e incentivos clientelares.

Es decir, la estrategia electoral del gobierno consiste, más que ganar elecciones, en hacer que la oposición las pierda.

Maduro da favores como medicina y comida para promover lealtad al régimen. Reuters
El mecanismo que más debe preocupar a la oposición es la abstención. El efecto nefasto de la abstención se demostró en las elecciones regionales de octubre, cuando los candidatos de Maduro ganaron a pesar de tasas de desaprobación de casi 80%.

Esto se puede lograr manipulando a los electores. Se reducen las expectativas del pueblo sobre la posibilidad de lograr una salida electoral haciendo, por ejemplo, que el Consejo Nacional Electoral tomara decisiones arbitrarias e ilegales, tales como el mantener candidatos retirados en el tarjetón de votación o reubicando los centros de votación con mayoría opositora en zonas de alta criminalidad pocas horas antes de la elección.

Al mismo tiempo, el gobierno aprovecha la desinformación, difundiendo noticias sobre supuestos acuerdos negociados con los partidos de oposición. Esto genera dudas, cuestionamientos y críticas entre sus seguidores, entre quienes alguna rechazan cualquier discusión con el régimen autoritario de Maduro.

De esta forma, el gobierno logró en octubre crear una división entre los opositores al régimen: quienes acusan a los partidos de complicidad con el régimen y se niegan a votar; y quienes piensan que la única salida posible es electoral.

Mientras tanto, el régimen continua persiguiendo e inhabilitando a varios de sus líderes.